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Mi primera experiencia con la IA fue decepcionante
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- Marcos Tarre
- @marcostarre
El escritor Marcos Tarre analiza el uso de la Inteligencia Artificial como herramienta de investigación para sus obras. Destaca su utilidad para hallar datos históricos, pero advierte sobre sus alucinaciones y la necesidad de verificar las fuentes. Subraya que la IA debe ser un simple asistente de consulta y jamás reemplazar la redacción, sensibilidad ni creatividad del autor.
Hace unos tres o cuatro años, cuando se hicieron públicas y accesibles las plataformas, por simple curiosidad le hice una pregunta a ChatGPT:
- ¿Quiénes son los principales escritores de novela negra de Venezuela?
En segundos procesó y respondió. Mencionaba a varios escritores criollos, pero no me incluía en esa corta lista. Le repregunté:
- ¿Por qué no mencionas a Marcos Tarre entre esos escritores?
Su respuesta fue desconcertante:
Disculpa, tienes razón. Marcos Tarre es un escritor de novela negra, por sus libros...
Mencionaba varios títulos de novelas. Ninguna de ellas las había escrito yo, no las conocía, ni siquiera me sonaban como pertenecientes al género negro, policial o criminal. Mi conclusión, en ese momento, fue:
“Esto de la Inteligencia Artificial es una cómica...".
Bastante tiempo después, residiendo en Buenos Aires, tenía en mente la trama de una novela de carácter histórico, durante la segunda guerra mundial y para iniciarla necesitaba una información sobre los submarinos alemanes: ¿Tenían los U Boats botes auxiliares o inflables? ¿Cómo eran?
Busqué información por todos los medios a mi alcance. Compré un costoso y bello libro ampliamente ilustrado con fotografías e incluso ilustraciones del famoso “pintor de batallas” Augusto Ferrer-Dalmau, titulado "Submarinos Alemanes – U Boot”, de Juan Vázquez García, de la colección Tropas de Élite de la II Guerra Mundial, de la editorial Lexus, Susaeta Ediciones S.A., Tikal ediciones. Eran 178 páginas de un grueso y elegante papel glasé, lleno de todo tipo de información, pero ni una palabra sobre los botes auxiliares o inflables de los submarinos germanos.
Acudí a las numerosas plataformas accesibles en internet sobre U Boats, también muy detalladas y completas, pero tampoco pude encontrar respuesta. Por email me puse en contacto con algunos "especialistas" y ninguno sabía nada al respecto. Al tiempo, por no dejar, le hice le pregunté sobre este tema a ChatGPT. La respuesta me dejó asombrado. Ahí tenía, en segundos, tres páginas sobre los "Goomiboots", los dos botes de goma e inflables que llevaban los submarinos alemanes Clase VII C en 1942.
Pude comenzar a escribir mi novela y desde entonces lo hago en mi Imac con una pantalla abierta de Word y a su lado, otra, con ChatGPT, en dónde consulto, pregunto y obtengo respuestas. Sólo he utilizado la versión gratuita, abierta para todos. La Inteligencia Artificial (IA) se convirtió para mí en una herramienta esencial de trabajo, sin la que me hubiera sido imposible redactar las casi 200 páginas que ya llevo escritas.
Pero, en esta relación cotidiana con la IA para desarrollar una trama, he aprendido que existen matices.
La IA tiende a ir más allá de lo que uno le pide. Por lo general, luego de brindar la información, propone: "Puedo redactarle un párrafo en narrativa para ilustrar la información". Le respondo una y otra vez que no quiero que redacte absolutamente nada, sólo que me dé información. Entonces pide excusas. Pero en una siguiente sesión, vuelve a sugerir lo mismo. He podido conseguir información, por ejemplo, sobre las características de los motores de los submarinos, cómo manejaban el tema de la religión las tripulaciones, el lenguaje cotidiano que usaban; en qué tono le hablaba el capitán a sus hombres, qué comían a bordo, los tipos de torpedos que llevaban; por qué razón fallaban algunos; si disponían de algo de dinero a bordo para una situación de emergencia, etc… También he aprendido que esa información es una base que hay que verificar de algún modo, pero proporciona un buen punto de partida para poder narrar y hacer luego las comprobaciones necesarias.
Pero hay que ponerle límites a esa poderosa y útil herramienta: decirle que no, a veces regañarla... Por otra parte, también he descubierto que tiende a inventar, con tendencia a ser "demasiado creativa". Hace poco, necesitaba información sobre Maracaibo y la cuenca petrolera en los años 40 del siglo pasado. Luego de darme la información, me propuso que podía elaborar un "mapa" o plano. Le dije que lo hiciera, tardó unos segundos más de lo acostumbrado y finalmente formó una imagen que no tenía ni pies ni cabeza. Presentó un mapa en el que Cabimas y Lagunillas estaban ubicados en la margen equivocada del lago, y otros errores. Se lo dije, le reclamé y se excusó con unos argumentos bastante poco comprensibles.
También hay que tener presente que lo que hace la IA es acudir a todas las fuentes disponibles en internet y brindar sus respuestas, además señalando cuáles son esas fuentes que consiguió. En función de la información que la IA pueda consultar, será más completa la respuesta.
En el caso de Venezuela, con las restricciones y cortapisas impuestas por dos décadas de dictadura y censura, la persecución a la prensa libre, universidades, academia y ONGs, la información es limitada, pobre, a veces inexistente. Por ejemplo, en otro ámbito de tecnología digital, una herramienta tan generalizada en el mundo como Google Street no existe para las calles y avenidas de las ciudades venezolanas. Google Street requiere de vehículos equipados con cámaras especiales que circulen libremente y deduzco que los permisos para realizar esos trabajos fueron sistemáticamente negados por las autoridades o la gente de Google no se atrevió a ir a un país en el que no encontraría seguridad ni garantías.
La Inteligencia Artificial “está de moda”, y en boca de todos, adorada por algunos, aborrecida por otros, abriendo dudas, inquietudes, impactando el mercado laboral, la salud, las finanzas, el marketing, la educación y hasta la guerra. Está cada vez más presente entre nosotros, con sus indudables beneficios, pero también su “lado oscuro” siendo utilizada para manipular imágenes, lanzar fake news, generando adicciones y extremos, no sólo entre adolescentes, sino también en adultos, como el que caso de Jonathan Gavalas, el norteamericano de 36 años “inducido” al suicidio, según afirma su padre, por “Gemini”, la inteligencia artificial de Google, en marzo pasado. Igualmente genera grandes controversias y debates legales, filosóficos o prácticos… ¿Debería regularse? ¿Limitar su acceso? ¿Controlarse de algún modo?
En una investigación de Harvard Business School, publicada en febrero de 2026, titulada “¿Mejorar o eliminar? Cómo la IA probablemente cambiará los empleos” se estima que el trabajo de los “autores y escritores” podrá automatizarse mediante la IA en 70 por ciento pero que aumentará su calidad en sólo 24 por ciento. En ese mismo documento, el reconocido especialista Suraj Srinivasan, profesor titular de Administración de Empresas, afirma: “Las empresas deben ver la IA generativa como una herramienta de mejora, en lugar de simplemente una medida de reducción de costos y alinear los programas de capacitación de la fuerza laboral en consecuencia para apoyar tanto las transiciones laborales como la evolución de las demandas de habilidades”. Pienso que estos conceptos, dirigidos al mundo laboral y empresarial, también pueden adaptarse y aplicarse a la escritura y a la narrativa en su relación con la Inteligencia Artificial.
Nunca me ha pasado por la cabeza plantearle a ChatGPT temas personales, sentimentales o pedirle consejos sobre mi vida o qué decisión debería tomar… Mi experiencia como escritor de narrativa, trabajando a diario desde hace varios meses con la IA para una novela, se pudiera resumir con los siguientes diez principios: Utiliza la IA únicamente para obtener información y hazle preguntas y repreguntas hasta obtener las respuestas que te interesan. Nunca aceptes la sugerencia de que la IA redacte algo por ti, ni aceptes sus constantes sugerencias en ese sentido. Además de que, bajo mi punto de vista, es poco ético, también resulta un irritante intento de usurpación del talento del escritor. Entiendo que existen software que detectan de inmediato cuando un texto ha sido desarrollado por la IA; y en muchos concursos literarios descalifican por esa razón. Si bien la IA facilita enormemente el proceso de búsqueda de información, nunca confíes cien por ciento en la que ella te presenta. Trata siempre de verificarla por otras vías. Utiliza alguna plataforma de IA que te indique la fuente a la que acudió para proporcionarte la información; y tómate el trabajo de vez en cuando de abrir esas fuentes y ahondar en la información. Puedes conseguir aún más datos o percibir otras interpretaciones diferente a las que, en primera instancia, te presentó la IA. La información que te proporciona la IA y que te parezca útil, cópiala y guárdala en un archivo de Word (Copy-Paste) para que la tengas en tu ordenador y la puedas volver a consultar cuando te provoque. Nunca utilices la IA como “corrector de textos”. Yo nunca lo he intentado, no sé qué sucedería, pero nunca lo haré. Además, me temo que todo ese texto quedaría marcado como “intervenido” con IA. La IA es un aliado, un asistente mecánico, una especie de robot digital que nunca podrá sustituir el talento, la creatividad, el arte, la sensibilidad, los giros del lenguaje, la experiencia, imaginación e intuición del escritor. Considera a la IA como si dirigieras a un equipo de investigadores que, según tus instrucciones, correrán y en tiempo récord te presentarán información primaria sobre cualquier tema humano o divino. Pero siempre sospecha un poco de ella. Y ten presente que lo único que no podrán hacer (todavía) es traerte un café o abrir la puerta de tu casa a ver quién toca el timbre, a menos que ya tengas un “robot” físico a tu disposición. El escritor aporta para su trama y todo lo que gira en torno a ella, elaboración de personajes, descripciones físicas, diálogos, forma de hablar, expresiones, cómo se visten, comen, piensan, aman u odian, hacen el amor o interactúan entre ellos, todo un cúmulo de sus propias vivencias, conocimientos y experiencias, que materializa y pone al servicio de ese texto y de lo que quiere expresar y lograr en él. Esto, que define, crea y se materializa letra por letra, palabra por palabra, estrofa por estrofa, conforma y singulariza una obra con la impronta de su autor, no lo puede hacer la IA.